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El secreto para entender tu realidad y escalar al éxito

¿Sabías que eres dueño de tu propio destino? ¿Que tu entorno puede influir, pero el mayor responsable de tus éxitos está dentro de ti? Hoy vamos a hablar de la pirámide de los niveles lógicos, un pilar de la programación neurolingüística (PNL), que te ayudará a entender un poco mejor la manera en la que te percibes a ti mismo y cómo mejorar tu situación actual.

Antes que nada, vamos a hablar sobre cómo ponemos en palabras el mundo que nos rodea. El lenguaje es más que darle un nombre a cada cosa: implica una serie de contratos culturales.

¿Por qué llamamos “cielo” al cielo? ¿Por qué le decimos “éxito” al éxito? Más allá de alguna explicación sobre el origen de las palabras, no hay mucho más que decir. Cuando vinimos a este mundo, culturalmente ya teníamos preconfigurado nuestro lenguaje.

Cuando hablamos de cosas concretas y palpables, no hay mucho problema. Si te mostramos la fotografía de un perro, es casi seguro que lo llames así o con algún sinónimo. Lo mismo si te ponemos delante una manzana. Vas a decir que es una manzana, no que es una mesa.

La comunicación eficaz: lo ecológico y lo específico

Ahora, ¿qué pasa cuando hablamos de cosas abstractas? Si en una reunión entre amigos o familiares preguntas algo como “¿qué es el éxito?” o “¿qué es amar?”, verás que obtendrás respuestas muy variadas y, difícilmente, dos iguales. Entonces, ¿cuál es la mejor forma de comunicarnos de forma fluída? Dos palabras: ecológico y específico.

Con ecológico, no te confundas con cuidado del medio ambiente, porque no se trata de eso… O si, pero no de la naturaleza, sino de tu entorno personal.

Veamos:

  • Ecológico: cuando es algo bueno para mí y para mi entorno.
  • Específico: cuando en la comunicación se reducen los errores lo más posible.

Si establecemos bien las reglas de entrada, la comunicación será eficaz.

¿El diálogo interno importa?

Pasemos a un segundo punto en el que el lenguaje nos afecta. Nuestra comunicación puede ser interna (con nosotros mismos) o externa (con alguien más).

¿Cuál crees que es la que más utilizas? Exacto, la interna. Convives 24 horas con tus pensamientos. Entonces, ¿qué pasa si te hablas a ti mismo de forma despectiva? ¿Qué pasa cuando, en cambio, te comunicas de forma amorosa?

Te invitamos a meditarlo y empezar a tomar conciencia de algo que parece inocente, pero no lo es.

La importancia de nuestro dialogo interno

Que tu alrededor no sea lo único que te defina

De este lenguaje con el que nos comunicamos, viene la manera en la que vemos nuestro entorno, que es el primer nivel de la pirámide.

Aquí entran todas las personas con las que te rodeas: tu familia, tus compañeros de trabajo y de estudio, tus amigos, tu pareja. Todos ellos podrían moldearte con su influencia.

Un entorno en el que predomina el pesimismo, el miedo al cambio o la mentalidad de escasez probablemente hará que veas las cosas de forma negativa. Puede que te tomes las cosas que tienes que hacer como obligaciones pendientes, que soportas a pura fuerza de voluntad. ¿Te parece algo sano para ti?

En cambio, si te rodeas de personas positivas, que hace las cosas con amor, que ve la vida desde el optimismo y las ganas de superarse, quizás te contagies de su buena vibra y te veas de una manera más favorable.

Entonces, ¿un entorno negativo te condena a sentirte mal contigo mismo y a no crecer en la vida? ¡No! Puede influir, pero no es determinante. Basta con ver las historias de vida de personas exitosas que salieron de un hogar carenciado y en circunstancias precarias: tal es el caso de futbolistas como Carlos Tévez, de artistas como Oprah Winfrey o Jim Carrey, o empresarios como Amancio Ortega, dueño de la marca Zara.

El entorno no es lo único que define tu identidad.

Aprende más sobre cómo influye el lenguaje y el entorno, y empieza el cambio con nuestro ebook: 3 consejos que reprogramarán tu mente para el éxito.

Motivacion

¿Voluntad o motivación?

Pasemos al segundo nivel: las conductas. Esto es lo que hacemos y lo que no, son pensamientos y acciones.

El ser humano busca una de estas dos cosas: prevenir el dolor o buscar el placer. Entonces, podemos elegir nuestras conductas desde el miedo, la ira, la tristeza; o desde el amor, la alegría, la paz. 

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Volvamos al lenguaje. Existe una enorme diferencia entre el querer y el deber, algo que determina tus conductas.

Cuando tú dices “tengo que bajar de peso” o “tengo que estudiar esta carrera” estás hablando desde la voluntad. El problema con esto es que la voluntad tarde o temprano se rompe.

Ahora, fíjate cómo cambia cuando dices “elijo (o quiero) tener una vida más saludable”, “elijo (o quiero) estudiar esta carrera”. Esto va más allá de la voluntad, habla desde la motivación, desde una intención positiva.

¿Has visto a una persona motivada que se quede de brazos cruzados en lugar de entrar en acción? Ahí está la diferencia.

Traza tus objetivos con inteligencia

El tercer escalón en la pirámide es el de las capacidades, la forma en la que hacemos las conductas.

Hay diferentes variables para realizar las cosas. Veamos el siguiente ejemplo de dos vendedores:

Juan se ha ganado el premio al vendedor del año porque ha sido el que ha vendido más cantidad de paquetes en su empresa. El segundo, José, lo ha igualado en cuanto al dinero recaudado, pero vendió la mitad de paquetes. ¿Cuál de los dos es mejor? Ninguno.

Juan ha trabajado con constancia y tenacidad para que la cantidad sea el objetivo a alcanzar. José, en cambio, ha tenido eficiencia y eficacia en sus métodos, para ganar por el porcentaje. Cada uno utilizó sus capacidades de la mejor manera que pudo para lograr su objetivo.

Es importante que el objetivo que te traces sea acorde a tus capacidades, aprovechando al máximo los dones que tienes. Una meta mal enfocada puede terminar en una frustración. 

Capacidades PNL

Un pez fuera del agua

Imagina que eres un pez y quieres subir a un árbol para comer una naranja. No podrás, porque no puedes estar fuera del agua. Entonces, si medimos lo que vales por tu capacidad de trepar árboles, saldrás perdiendo y sintiéndote inútil. Sin embargo, quizás no puedes trepar árboles, pero eres el más veloz y puedes nadar grandes distancias. Viéndolo de ese modo, tienes un don que puedes aprovechar para sobrevivir en tu medio. Nadie diría que eres poco capaz bajo el agua.

Si tienes cuarenta años, te quieres iniciar en el fútbol y te dices a ti mismo que saldrás campeón del mundial con el equipo de tu país, es muy probable que termines frustrado. A esa edad, ya nadie empieza a entrenar para ser campeón. Al contrario, lo más probable es que ya se estén retirando o estén próximos a hacerlo. En cambio, si te dices a ti mismo que quieres “disfrutar jugando al fútbol”, el objetivo ya se acopla a tus capacidades. Y, efectivamente, lo terminarás logrando.

Vivimos de interpretaciones

Ya pasamos la mitad de la pirámide. Como te habrás dado cuenta, estamos explorando cada vez más profundo. 

El cuarto nivel son las creencias. ¿En qué crees? ¿Te basas en tu propia experiencia o en lo que te dicen los demás? Y esas creencias, ¿te están ayudando a crecer o, al contrario, te limitan?

Las experiencias que vives no se pueden cambiar, están en el pasado. Sin embargo, lo que sí puedes hacer es cambiar el foco. la forma en la que interpretas esas experiencias.

Si hoy te despiden de tu trabajo, pueden pasarte dos cosas: sentirte frustrado y deprimido, porque crees que no conseguirás otra cosa; o libre de encontrar tu felicidad en un lugar que te ayude a crecer, libre de perseguir tus sueños.

Quizás ese lugar donde estabas trabajando ya no tenía nada más que ofrecerte, te estaba limitando, atrapando en un realidad que no querías estar. ¿Y si allá afuera está la oportunidad que estabas esperando para alcanzar tus objetivos?

Interpretaciones. Una desde el miedo y la otra desde el amor.

¿Cuál es el cristal por el que ves lo que te está pasando hoy? La perspectiva es todo.

Valores: los faros que te guian

Los faros de tu camino

¿Cuáles son los faros que te guían? Los valores son esos puntos en los que te apoyas para guiar tus conductas. 

Esto puedes observarlo en una organización, también. Si entras a su página web, es muy probable que te encuentres con una pestaña que diga “valores”: y allí te podrás encontrar con conceptos como profesionalismo, creatividad, compromiso, seriedad, generosidad, etc.

¿Cuáles crees que son esos valores que te marcan? Conocerlos te ayudará a encontrar tu lugar en el mundo laboral, buscando una empresa que vaya en sintonía con tus valores; o te ayudará a escoger entre uno u otro instituto educativo para hacer tu carrera.

La gran pregunta: ¿Quién soy?

Tu identidad no es más que la suma de todos los niveles anteriores. Tomarte el tiempo para analizar cada uno de ellos te ayudará a encontrar tu propio equilibrio: la forma en la que te relacionas con tu entorno; lo que eliges hacer o no; el uso que haces de tus capacidades para perseguir tus sueños; el conjunto de creencias y valores que sostienen lo que eres hoy.

Lograr el balance en todos los aspectos es difícil, pero siempre busca que lo que elijas hacer hoy te sea ecológico a ti y a los que te rodean.

 

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21/10/2020

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